En la última visita de Pep Guardiola al Real Madrid, la conferencia previa, con él al frente del Bayern, la dio en el hotel Intercontinental. Quiso evitar así la sala de prensa donde tan intensos duelos mantuvo con José Mourinho años antes (inolvidable en la historia de esa rivalidad el «puto amo» que dedicó al portugués). En aquella etapa azulgrana, sus pasos por el Bernabéu (siete) se contaban casi con victorias, incluso con humillaciones históricas como el famoso 2-6 de 2009. Sin embargo, desde que se separó de Leo Messi las cosas le están costando un poco más.

Con el campeón alemán coleccionó eliminaciones en la Champions ante rivales españoles, dejándole sobre todo muy marcado -según reconoció en alguna cariñosa biografía posterior- la derrota contra los blancos en las semifinales de 2014. A pesar del dominio de la pelota, su equipo acabó perdiendo 1-0, suave aperitivo de lo que vendría en Múnich. El 0-4 del Madrid está enmarcado en el museo de las grandes noches europeas del escudo de la Castellana. Guardiola, tras caer en la ida, destacó que el Madrid tenía auténticos “atletas”. ¿Piropo o sutil reproche, deslizando que le habían ganado más por el físico que por el juego? Nunca lo aclaró.

Los protagonistas del cruce que se jugará el 26 de febrero y 17 de marzo han cambiado bastante, en comparación a su última vez. El Madrid trata de gestionar la resaca de un ciclo triunfal, con la esperanza de recuperar la competitividad perdida sin Cristiano Ronaldo. Y Guardiola busca desesperadamente una Champions lejos del Barça y sin el astro argentino. Por el camino, ha sumado varios títulos de liga, tanto en Alemania como en Inglaterra, campeón vigente de la Premier.

ÉXITO LOCAL, FRACASO EN EUROPA

A sus fracasos en Europa ha contrapuesto siempre un discurso reivindicativo sobre los éxitos domésticos. De hecho, uno de sus últimos dardos al Madrid consistió en dejarle fuera de un personalísimo ranking que realizó sobre los mejores equipos de la última década. Las cuatro Champions ganadas de cinco intentos por los blancos no parecieron méritos suficientes para el entrenador, muy implicado también en los últimos tiempos en difundir internacionalmente el mensaje independentista. Tras la sentencia del procés, dio vuelo en un vídeo al eslogan Sit and talk (siéntate y dialoga) que el miércoles los grupos radicales quieren exhibir en el clásico.

Su City, que ahora viaja mustio por la liga, a 14 puntos del intratable Liverpool, luce la etiqueta de club estado gracias a la multimillonaria inversión de Abu Dhabi. No obstante, tantos recursos no han evitado algún lamento público del técnico, quejoso ante la presunta inferioridad económica de su equipo respecto a otros grandes europeos. En sus tres temporadas ha gastado 762,3 millones de euros en fichajes, lo que se traduce en un plantel cargado de figuras, con dos delanteros destacados: Sterling y De Bruyne. A la calidad de sus futbolistas se une el vistoso juego del estilo Guardiola, siempre ofensivo y hambriento de balón.

El cruce con el Madrid vendrá marcado por la íntima rivalidad del catalán con los blancos. Su famoso lazo amarillo en solidaridad con los políticos condenados por sedición no podrá verse en la banda del Bernabéu al estar prohibido por la UEFA.